viernes, 18 de enero de 2013

CARTA 21: " TU CASA"


Mamá:
Hoy día 28 de diciembre de 2012, día de los santos inocentes, han quedado cerrados  los trámites de la casa. Posiblemente no sea el mejor día para reflexionar sobre ello, pues aún me escuecen las heridas que he tenido que soportar al pasar por este calvario burocrático  y emocional que me llevan a ser dueña y señora de esta que siempre, mientras yo viva, será tu casa.
Recuerdo lo que este asunto te preocupaba y te inquietaba, sobre todo en estos últimos años, teniendo la idea fija de hacerme poseedora de ella, sin importarte lo que la ley establecía y queriendo imponer tu propia justicia.

A mí me resultaba muy lejano aún la llegada de este día e intentaba restarle importancia, pensando, ilusa de mí, que cuando llegara el momento dispondría de bienestar y holgura económica para repartir a mis hermanos lo que establece la ley, a pesar de que tú te empecinabas en decir  que no era esa la justicia. Ese futuro estaba más próximo de lo que todos esperábamos y hoy he vivido ese día que tantas veces habías imaginado y que como adivina  que eras acertaste en todo o en casi todo.
 Quédate tranquila, pues  tus hijos no faltaron a la promesa que te hicieron en tu lecho de muerte, aunque tu nieta Almudena, de la que tan orgullosa estabas, por haber sabido ser una persona de provecho a pesar de todas las adversidades que le toco vivir,  no se ha sentido inmersa en esta unión familiar que siempre nos inculcaste y  le ha pesado la sangre que corre por sus venas, reprochándome que no repartiste equilibradamente tu cariño, sin saber ella que fue una lucha tuya  imposible de ganar y que hiciste más el  bien manteniéndote a distancia que inmiscuyéndote en una batalla que no era la tuya. Ella necesita conocer su historia familiar paterna para poder así  juzgar con más objetividad a ésta, aunque ella reniegue, la que siempre será su familia.

No te preocupes por nosotros, pues a pesar de todo las dificultades económicas que se nos han venido encima y lo que tu testamento nos ha supuesto, saldremos adelante con la ayuda económica  de Alicia, que cumple a rajatabla la promesa que te hizo, con la voluntad de Laura y Rogelio  que comparte también lo poco que ahora tienen, con la ilusión y ganas de vivir de Gracita  y Julia, con el apoyo moral de mi primogénita y de  tus hijas, mis hermanas Dori, Encarnita y Graci, así  como el de tus Ávilas, Rodriguez y Garcías, tu hermana Mari  y sus hijos Aurelio y Encarnita,  el apoyo incondicional con el que siempre contaste de tus Aurelios, padre e hijo, este último me  ha asesorado en los trámites burocráticos necesarios para dar formalidad  al cambio de nombre de esta tu casa, de la misma forma que te asesoró a ti cuando decidiste hacer tu testamento, libre y ecuánimemente y por supuesto cuento  con la ayuda de Dios.
Saldremos adelante, aunque ahora la casa me pese sobre los hombros, con todo lo que lleva dentro. Tu ausencia, nuestro bienestar y el dolor que me ha producido saber quiénes no  han estado a nuestro lado, en estos momentos de incertidumbres, es el precio que he tenido que pagar por ella.


No sabrás mamá, que este capítulo ha sido el peor que he vivido desde tu marcha, pues tenía que enfrentarme a lo material y mundano de la “herencia”.

Siempre te sentiste dueña y señora de lo tuyo, que te ganaste con tu esfuerzo y buena administración  y de  lo que no tuviste que rendirle cuentas a nadie,  ya viuda.

Hasta entonces, papá pagaba los recibos de la casa, construida por el sindicato vertical del franquismo en el año 1954, al estilo de las que se han construido hasta ahora,  de protección oficial. Desde Mayo de 1958 que llegasteis a La Palma  hasta agosto del 1974 que murió papá, fueron 16 años que pagasteis vuestra renta, con derecho en un futuro a que la casa fuera vuestra, circunstancia que no fue posible hasta el año 1987, 13 años después de quedarte viuda, en los que ya adquiriste esta casa en propiedad, solo y exclusivamente a tu nombre ya que por desgracia papá ya no vivía.


Cada uno  de mis hermanos se fueron  marchando, Juan, Aurelio, Dori  y Encarnita, antes de la muerte de papá, Jorge con su mal sino, se casó a la semana de enterrar a papá, ya que lo tenía todo previsto con la intención de marcharse con su mujer al País Vasco, donde mi hermano Aurelio que estaba allí destinado, le encontró trabajo. Mi hermana Encarnita con  su José Carlos recién nacido, ya que Carlos tendría   que cumplir el servicio militar, que aún no había hecho. Gracia, estudiante de magisterio en aquellas fechas  y  yo recién terminado mi colegio,    nos quedamos solitas contigo, al calor de Dori y de Aurelio, que a pesar de la distancia, pues en aquel entonces vivía en Bilbao, tomo el papel de hermano mayor o de “hombre de la casa”, figura importantísima para ti. Nos asesoraba y siempre era tu paño de lágrimas, cuando tenías  algún asunto que resolver. Nos dio cabida en su casa a ti y a mí aquel verano fatídico, hasta que pudiste arreglar tus papeles como viuda y empezar a cobrar tu pensión, lo que tardó unos meses. Mientras Graci se buscó como “financiar” su carrera, quedándose  en casa de la familia Guijarro,  y Encarnita y su niño se quedaron al calor de los suegros José y María, ambos bellísimas personas, que siempre velaron por el bienestar de sus nietos, hasta los últimos días de sus vidas, siendo para mi hermana como sus segundos padres y a los que cuido hasta el final como una hija.


Tu nuevo estado civil nos cambió la vida cien por cien. Las ilusiones tuyas y de papá se rompieron, pues aquel proyecto de mejora de nuestra casa, hacia evidente que teníais proyectos de futuro. Pero la vida no dejo a papá disfrutarla y para ti supuso un obstáculo aún mayor en tu viudedad, por desgracia, recién adquirida, pues nos cogió con la casa con la obra que hicisteis a pocos días de terminar (la segunda de muchas otras que vendrían después, ya que lo primero que arreglaste fue la cocina y el baño, que con los años necesitó otros arreglos posteriores) y el préstamo que pedisteis para ello. Habiendo  que amueblar todo lo que habías construido nuevo, para mejorar y ampliar la casa, dándole calidad a la vivienda. Pero esto  último, amueblar lo recién construido, tardo algún tiempo en llegar pues ya no contabas con la paga de papá. Mi hermana Gracia, que supo organizar su vida muy rápido y muy bien, sin perder el tiempo en quejarse de nuestro mal sino, termino su magisterio y aprobó las oposiciones a la primera y  con su primera paga extraordinaria como maestra, la amuebló. Aún recuerdo como nos fuimos las dos a escoger los muebles, para darte a ti esa sorpresa. Que orgullosa te sentías de tu hija y cómo presumías de ella ¿recuerdas aquella butaca de flores que te compró?, siempre decías que nunca tuviste una tan cómoda como aquella. La  mesa de comedor, que tantos años ha presidido nuestro salón, las sillas, el mueble del teléfono, el mueblecito estilo inglés que tantos años hemos tenido bajo la escalera, el espejo redondo de las rosas compañero al paragüero, esto último aún lo conservamos en casa. Gracias a su ayuda también alicatamos toda la casa, dándole fortaleza a las paredes que tenían bastante humedad, sobretodo en la parte más antigua. Por eso cuando mis hijas te decían que ya se veían antiguos los azulejos  y que habría que renovarlos para darle otro estilo a la casa, te ponías muy nerviosa  y realmente te enfadabas mucho, pues siempre recordabas  el trabajito que había costado hacerlo. Mi hermana Encarnita te ayudó  a picar las paredes, para que el presupuesto que había hecho el albañil, no sobrepasara del dinero con el que contábamos, 60.000 pesetas que Graci te dio de la beca que le dieron en su último año de carrera. Nunca le temiste a nada y allí estabais las dos antes de que llegara el albañil, casi de madrugada,  picando paredes. En las faenas de pintura y reparaciones de electricidad  y otros menesteres, por mucho tiempo nos ayudaron Encarnita y Carlos, hasta que años después ya cogimos el relevo Rogelio y yo cuando nos casamos. Aunque la ayuda de Carlos ha perdurado, ya que era nuestro “manitas” oficial.


Dori  y Pepe, compartían  con nosotros los fines de semana y las vacaciones, al igual que Encarnita y Carlos que poco después pudieron organizar su vida en Huelva, aunque con los años volvieron  a  La Palma  ya con su casa propia. Siempre estábamos juntas, ayudándonos en todo lo que podían. Dori  fue nuestra modista en muchas ocasiones, sobre todo para ti a la que siempre  regalaba  buenas telas para los trajes de bodas y acontecimientos familiares, o buenas prendas de abrigo, complementos….nunca te falto un detalle suyo. A mí me ha ayudado siempre como tu bien sabes, en lo que ella podía, he tenido buenos abrigos gracias a ella y nunca olvidaré la ayuda que me prestó en mi intento de aprobar oposiciones, que a la larga me sirvió como formación complementaria que me ayudaron a encontrar empleo. Tu les ayudabas también, principalmente a Encarnita,  junto con los padres de Carlos,   ya  que en los años posteriores les tocó vivir momentos más difíciles y pronto se encontraron  con una buena carga familiar. Ella, siempre fue tu ojito derecho de las niñas y os compenetrabais muy bien, pues mi hermana siempre fue muy noble y compañera tuya. Ella también se dejó la piel con su esfuerzo y trabajo, mientras vivió en esta casa.

Los fines de semana  y en vacaciones se nos llenaba  la casa de jolgorio y alegría con tus nietos a los que siempre les diste cabida, pues siempre dijiste que tus nietos era la única herencia que papá te dejó. A pesar del gasto y el trabajo que suponía para ti, nunca te peso pues era la forma de mantenernos unidos. Todos tus nietos tenían cabida en tu casa. Recordabas con nostalgia a tu hijo Jorge, que no fallaba un domingo con Mari y los niños. Hasta que por circunstancias de la vida, en las que tú no tenías parte, se fueron alejando de nosotros y así de tus dos nietos. Ya de mayores la tía Dori, por más proximidad a ellos, que lucho en tu nombre para darles el lugar que les correspondía en esta familia,  hizo que de alguna forma los disfrutáramos para el  Rocío,   bodas u otros  eventos familiares. El precio que tenías que pagar era el de no poder invitar a tu hijo para así no provocar situaciones desagradables o tirantes, que estropearan el evento, considerando que tus nietos no eran culpables de esa situación,  anteponiéndolos a  tu hijo.




Como te quejabas tener tan lejos a Juan, que poco pudimos disfrutar de sus hijos  por la distancia. Te volvías loca cuando venían a pasar las vacaciones de verano a casa, antes de que tuvieran apartamento en la playa, pues tu hijo Juan era tu primogénito y tu ojito derecho de tus varones, como siempre se quejaba Aurelio, que habiendo hecho méritos suficientes, nunca creía él, gozaría de ese privilegio. Sin embargo bregaste mucho con los hijos de tu Aurelio, ya que tuvieron una abuela dispuesta a todo a cualquier hora y para cualquier circunstancia. Con mi hermano Juan no recuerdo haber convivido en casa, pues yo era muy niña cuando ya se marchó a la academia de la RENFE y después cuando termino, se casó inmediatamente marchándose a Madrid, donde ha vivido hasta jubilarse, volviendo de nuevo a Sevilla. Queriendo recuperar los años en la distancia de su tierra y de su familia. Aunque su núcleo familiar tiene ya más peso que nosotros, evidentemente,  él sigue siendo tan familiar, sin olvidar nunca una fecha de cumpleaños o de cualquier otro evento familiar.





Dori compartió con nosotros lo bueno y malo de aquellos y de todos los momentos posteriores de nuestra vida y aún seguimos en ello. Aún no me creo que te hayas ido y   ella se encuentre con su vida a medio resolver a causa de las últimas circunstancias vividas, no se las merecía. Tu desgano final lo achacábamos a esa extremada mala experiencia, que la vida nos tenía reservada y que no le perdonaré nunca jamás al culpable, por hacernos tanto daño a esta familia y sobre todo por restarte felicidad  en tus últimos días. Dori siempre fue mi hermana mayor, con la que me sentía protegida. Aunque su apariencia siempre ha sido de fragilidad, nos ha sorprendido a todos la fortaleza que ahora con los años demuestra, queriéndose parecer a ti en todo, incluso queriendo coger tu relevo como “matriarca” de este clan.


Después de ti es lo que me queda, ellas, mis hermanas que siguen dándome calor y cariño, tratándome aún como la benjamina de la casa a mis 54 años. Lo mismo le pasará a Julia cuando yo me vaya, sus hermanos velaran siempre por ella, la benjamina, eso espero. Comprendo  ahora tu actitud de protección hacia mi persona, hasta el último minuto de tu vida, para ti siempre fui la pequeña. Lo mismo será siempre Julia para mí.






Nadie se preocupó de nosotros cuando papá nos “abandonó” con su repentina muerte, no tuviste derecho a tu duelo, jamás te vi vencida  o derrumbada ante tu dolor. Fuiste capaz no solo de que sobreviviéramos, sino de terminarnos de sacar a delante con calidad de vida y mejorando poquito a poco esta casa con nuestro esfuerzo y dedicación.

Más adelante Rogelio y yo contigo formamos un nuevo núcleo familiar en el año 80, poco después se nos unió el abuelo Aurelio, al quedarse viudo y en pocos meses, para el verano del 81 nació mi hija  Mª Tere.
 Disfrutamos de tu padre durante 11 años, de su buen carácter, de sus “ideas”, de su experiencia y de su cariño. No había un día que no nos acordáramos de él, cuando ya se marchó. Después siguieron llegando los demás miembros de esta unidad familiar. Nunca eligieron los mejores momentos para nacer, pero con tu ayuda y nuestro sacrificio, los sacamos a delante. Con los Pinto Guerra, tu segunda familia, has compartido, sonrisas y lágrimas. Buenos y malos momentos. Siempre decías: “no hay que echar faltas a la calle”, refiriéndote a que nadie tenía que saber de nuestros apuros, estos había que llevarlos con dignidad. Sin embargo pregonabas a los cuatro vientos las mejoras y los éxitos, que siempre exaltabas.
Han sido 32 años de vida en convivencia,  muy felices, con sus  pros  y sus contras. Me resisto a pensar que todo haya terminado, que todo pase ya a formar parte del pasado. Pero más aún me pesa que alguien haya puesto precio a esta casa con  tu marcha, sin tan siquiera conocer su historia y la tuya, la nuestra.  
 Hemos intentado que en tu última etapa disfrutaras y gozaras con la juventud que te rodeaba, de sus logros y triunfos, de sus proyectos de futuro que hacías tuyos, de sus viajes y experiencias, de lo que te hacían partícipe, dándote alegría de vivir. De las vacaciones que siempre te habías merecido y nunca disfrutaste, de tu deseo de contemplar y sentir el mar. De  librarte de responsabilidades que nunca fueron tuyas, a lo que te negabas por miedo a no sentirte útil. Cumpliendo aquello de morir con las “botas puestas”, a fuerza de voluntad, pues ya te costaba mantenerte de pie.

Nadie puede reprocharte, ni nunca hemos ocultado, que hayas querido tanto a mis hijos, que has criado como los tuyos propios. Nadie puede negar que en esta casa esté todo nuestro trabajo, esfuerzo, sudores, ilusiones, proyecto de futuro y de mejora,  tirando de  una familia numerosa como la nuestra. Porque no hemos conocido otra casa, otro hogar que este que nos ofreciste y en el que  hemos vivido bajo tu cobijo. Hemos levantado paredes, acomodando a nuestras necesidades, cuidando y manteniendo. Reparando, pintado, limpiando. Gracias a todo eso hoy permanece aún viva. . Así en  el futuro  las nuevas generaciones que la quieran habitar tendrán  que  saber que siempre permanecerá en ella la sombra de tu espíritu.